Camboya – Escala en Bangkok

Después del incidente con nuestro amigo El Puma de Bangkok seguíamos donde Cristo perdió la chancla con dos mochilas más grandes que yo (que no es difícil) y más calor que en la comunión del Rey León. Nos debieron ver la cara de angustia dos amigos que nos indicaron que al otro lado de la acera (de la salida del tren donde cogimos el taxi) podíamos coger un bus en dirección al barrio del alojamiento. ¡Casualmente en sentido contrario al que nos sacó El Puma!

Cruzamos y nos acercamos a la parada mientras nos asaltaban multitud de tailandeses al soniquete de “Hello! Tuk-tuk?” y una sonrisa de oreja a oreja. La misma con la que le respondíamos un “No, thank you!”.

Ducha tailandesa en Bangkok
Ducha tailandesa en Bangkok

Durante la espera, observábamos el percal sin dar crédito: a nuestras espaldas, en poco más de 10 metros cuadrados de acera, una chica vendía fruta, un señor freía bolitas de “algo” y una señora cosía con una Singer (¡de las de la Guerra Civil!). En estas que me da por mirar a Alex y veo que del derretimiento que tenía se le estaba yendo el color de senegalés, así que optamos por coger un taxi por 150 bahts que nos dejó en la Plaza del Monumento a la Democracia y en un salto estábamos en Paragon One Residence cogiendo las llaves de nuestra suite. La habitación correcta: cama, armario, nevera, baño… ¿y la ducha? Oh, what a surprise! ¡Está encima de la taza! ¡Ahora podemos hacer dos cosas a la vez, y una de ellas no será leer el periódico twitter. Una imagen vale más que mil palabras…

Cerveza Chang, Tailandia

Comimos algo rápido, nos dimos una ducha y nos echamos una siesta que no se la salta un gitano: estábamos derrotados. Y después decidimos dar una vuelta por Khao San Road pero salió nuestro amigo Monzón y tuvimos que esperar a que se fuera tomando dos Chang en la terracita del alojamiento.

Khao San Road no es una calle enorme, precisamente, pero no cabe un alma: en las aceras están los avances de los locales comerciales (zapatillas, ropa, pubs, restaurantes…), y en la calzada cientos de puestos de comida de todo tipo: frutas, noodles, arroz, bolsas de “líquidos”, insectos fritos, bolitas, salchichitas… nos decantamos por unos noodles y unas Leo que compartimos con un gallego y un pacense (de Badajoz, vaya) que iban haciendo coach-surfing por el sureste asiático y les tocaba de anfitrión un filipino muy gracioso que anduvo entretenido hablando con la gallina.

Cena en Khao San Road, Bangkok
Cena en Khao San Road, Bangkok

Al volver a casa vimos una luz que nos atrapó. Alex me agarró y trató de mantenerme pero era más fuerte que nosotros… Intentamos huir con todas nuestras fuerzas pero no pudimos. Era la bombilla de un puesto de tortitas. La señora que lo regentaba nos obligó a comer una tortita de banana con Nutella contra nuestra voluntad. Qué mal rato, oye. Casi no pegué ojo esa noche…