Camboya – Phnom Penh

Si creiamos que Bangkok era la locura absoluta es porque aun no conocíamos Phnom Penh

Tuk-tuk en Phnom Penh
Tuk-tuk en Phnom Penh

A la puerta del aeropuerto nos asaltaron decenas de taxistas y conductores de tuk-tuk para ofrecernos sus servicios pero sabíamos que fuera, 100 metros mas adelante, podíamos cogerlo a mejor precio. No sé que era peor: ¡¡no nos dejaban ni caminar!! Finalente regateamos con un jovenzuelo que nos puso pucheritos dos o tres veces por 1$, hizo un par de cambios de sentido suicidas, hablo por teléfono mientras conducía, nos intentó llevar a otro guesthouse de un amigo a ver si colaba y finalmente nos dejo a la puerta del Good Morning Guesthouse por los 7$ acordados y con una sonrisa de oreja a oreja. (Casi) nada que ver con El Puma de Bangkok.
El guesthouse estaba en todo el meollo de la ciudad. Nos atendieron dos jovencitos muy salaos, dejamos los trastos y nos dimos una vuelta por la zona con la intencion de cenar, y así hicimos en un garito de comida jemer, donde tomamos unos noodles y una cerveza. La gallina, arroz, para no variar.

Good Morning Guesthouse, Phnom Penh
Good Morning Guesthouse, Phnom Penh
Monumento a la independencia, Phnom Penh
Monumento a la independencia, Phnom Penh

Al dia siguiente decidimos dar una vuelta por la ciudad. Bajo mis maravillosas indicaciones llegamos en un salto al Monumento por la Independencia y la estatua de Norodon Sihanouk. Nos sorprendio el Monzón, que aparece cuando menos te lo esperas, y nos dimos una buena ducha mientras observabamos las 1001 maneras de cargar una moto en Camboya.

Cuando pasó, Alexander Magallanes tomo el sextante rumbo al Palacio Real. Cuando llegamos a la frontera con Laos le comenté que para mí que lo tenia un poco desviado.
Volvimos a la ciudad para regocijo de los ciudadanos de Phnom Penh que temían habernos perdido. Y bajo una solana de mil pares llegamos al Palacio Real a su hora de comer (las 11:00) y no pudimos entrar hasta las 14:00. Así que nos dimos un garbeo por el Wat Botum y el parque adyacente y por las orillas del Tonlé Sap observando a los lugareños.

En estas que se nos acercó una niña con dos tortugas metidas en un cubito de playa para que se las compráramos. Le dijimos que no, pero la gallina se puso tonta a patalear y a berrear que ella queria una tortuguita… ya le dijimos que ni hablar del peluquín, que tiene a la hamster Lola en casa y no le hace ni caso.

Parque del Wat Botum, Phnom Penh
Parque del Wat Botum, Phnom Penh
Palacio Real, Phnom Penh
Palacio Real, Phnom Penh

Hicimos tiempo hasta las dos tomando un refrigerio y entramos al Palacio Real: un impresionante conjunto de edificios donde vive, como os podeis imaginar, el ministro de deportes el Rey: increíbles muestras de arquitectura jemer, que ya vamos aprendiendo lo que es. Desde el propio recinto se accede a otro menor llamado la Pagoda de Plata, que tiene 5000 baldosas de plata de 1 kg cubiertas con una moqueta y de las que sólo puedes ver un trocito así que lo de las otras 4990 te las tienes que imaginar. También hay un buda con más de 3000 diamantes. Ahí es na. A este recinto lo rodea un mural que cuenta el relato del Ramayana y que estuve mirando como uno crío delante de los dibujos animados, porque me puede la curiosidad de saber quien es toda esta gente con cabezas de serpiente, gorros puntiagudos, arcos y flechas, asi que ya buscaré…

Palacio Real, Phnom Penh
Palacio Real, Phnom Penh

Estábamos un poco flojillos, así que descansamos un poco y nos preparamos una botellita de agua con sales, porque ya lo decía Super Ratón “¡No olviden mineralizarse y supervitaminarse!”. Después de esto ya estabamos listos para probar de nuevo la comida jemer: esa noche degustamos el Amok de pollo. ¡Buenísimo!
Al día siguiente desayunamos en el mismo sitio en el que cenamos la noche anterior tras una larga e infructifera conversación (si se puede llamar así) con la camarera sobre el Nescafé que nos había servido, que se parecia a Nescafé como un huevo a una castaña.
El día antes habíamos contratado con nuestros anfitriones un tuk-tuk que pasaría el día con nosotros: nos llevaría del alojamiento al Campo de Exterminio de Choeung Ek y al Museo Tuol Sleng (la antigua prisión S-21 de los jemeres rojos), y de vuelta al alojamiento por 17$.

Campo de exterminio de Choeung Ek, Phnom Penh
Campo de exterminio de Choeung Ek, Phnom Penh

Y ahora nos ponemos serios. Estamos familiarizados con los horrores que se vivieron en nuestro país a comienzos del siglo XX, de la Segunda Guerra Mundial y los campos de concentración y exterminio nazis… pero no mucho mas allá, en Camboya, las atrocidades de los jemeres rojos a manos del dictador Pol Pot y los testimonios de los supervivientes que escuchamos en la audioguía de Choeung Ek nos ponían los pelos de punta. Allí, en el mayor campo de exterminio de los más de 300 repartidos por todo el país, nos esforzamos por imaginar lo que vivían los prisioneros que en pocas horas yacían en fosas comunes. Se extrajeron miles de cuerpos que catalogaron y colocaron en una estupa conmemorativa, pero el resto sigue enterrado y es posible tocar las ropas y huesos de algunos de ellos que afloran a la superficie con las lluvias.

Campo de exterminio de Choeung Ek, Phnom Penh
Campo de exterminio de Choeung Ek, Phnom Penh
Prision S-21, Phnom Penh
Prision S-21, Phnom Penh

La prisión S-21 no traía imagenes mejores: cientos de fotografias de todos los que pasaron por allí, como intelectuales, abogados, profesores, artistas… las celdas improvisadas en aulas de lo que antes fue una escuela con los catres donde los torturaron, y, lo peor, las imagenes de estas torturas y los instrumentos con los que fueron llevadas a cabo. Aterrador. Tal y como rezaban algunos de los carteles, el conocer la historia de estos hechos es el mejor modo de no repetirlos.
Volvimos al guesthouse con mal cuerpo. Esa tarde cayeron chuzos de punta así que aprovechamos para poneros al día, preparar el viaje del día siguiente a Kompong Cham y terminar de ver The Killing Fields, una película esencial para comprender la situación de Camboya a la llegada de los jemeres rojos en abril de 1975.