Camboya – ¡¡Con los elefantes de Mondulkiri!!

Elefante quitándose un "paluego"
Elefante quitándose un «paluego»

Como ya os hemos contado, en el Nature Lodge de Sen Monorom, lugar en el que nos alojamos durante nuestro días en la provincia de Mondulkiri, conocimos a Kim, responsable del Santuario de los Elefantes. Queriamos hacer una visita de este tipo y su propuesta nos convenció. La oferta de paseos en elefante y visitas a poblados bunong es abundante. Cualquier guesthouse de Sen Monorom las organiza. Sin embargo, Kim  nos explicó que, a diferencia de las demás, ellos, su ONG, se dedican al cuidado, a la conservación de los animales y a la educación medioambiental de lugareños y visitantes, para concienciarles sobre los devastadores efectos de la caza furtiva y de la deforestación que esta sufriendo el país en general y esa provincia en particular, y que pone en riesgo la supervivencia de muchos animales, entre ellos el elefante.

Y qué queréis que os diga, ¡¡pero volver de vacaciones y decir que has estado de visita en una ONG mola cantidubidubidubi!! Tu madre se alegra de tener un vástago tan implicado en esos temas y el año que viene no te pone tantas pegas cuando le digas que te vuelves a la selva a ver monos. Negocio completo.

Total, que el día de la visita, aparecen por allí dos españolas, de Elche para afinar más, que dicen que se vienen con nosotros. Otras dos que se van de ONGs y otras dos presas de Kim. Vicky y Rosa se llaman. Hola muy buenas,encantados, mua mua… y, a partir de aquí, no paramos de reírnos en todo el día. He visto cabras mas cuerdas que estas dos. En serio, un encanto de tías y un placer haberlas conocido.

Avanzando en la selva
Avanzando en la selva

Nos embarcamos en la furgo los 4, Kim, el que iba a ser nuestro guía Tom y el conductor. La visita empieza en unas rocas de dudoso parecido a unos elefantes tumbados, que deben ser sagradas o algo así. Hay que decir que, aunque mi nivel de ingles es muy elevado, rozando la perfección, el acento de los camboyanos es harto difícil de entender, con lo que la mitad de las cosas me las tenia que imaginar. Lo mismo les pasaba a Rosa y a Laura. Y aunque Vicky si les entendía, luego no paraba de descojonarse y no nos lo poda explicar al resto.

Cruzando el río
Cruzando el río

Seguimos avanzando entre la selva y llegamos a un río. Olvidaos de la imagen de río que tenéis en la cabeza. Nada de anuncios de Fa. Aquello era una corriente de agua marrón chocolate que daba asco hasta mirarla. ¿¿Pues no te jode que nos dice el salao de Tom que hay que atravesarlo andando?? Aquí Vicky ya no se reía tanto. Fuera pantalones, fuera botas, mochilas en la cabeza, Tom, a machetazos, haciéndonos unos bastones que nos ayudaran a no caernos… Chicas, nosotros en paños menores y manteniendo la dignidad como podemos y este tío no se quita ni los vaqueros. Que os jugáis a que nos esta vacilando y ahora echa a correr y nos deja aquí en bragas, ¡¡nunca mejor dicho!!

Pero no, el tío que se echa al río como quien se va de rebajas por la Gran Vía y los demás detrás, gritando, chillando, pisando piedras, maldiciendo en camboyano e intentando mantener una dignidad ya de por sí maltrecha, teniendo en cuenta que estábamos con el agua hasta las partes nobles y en calzoncillos metidos en un río marrón. Casi perdemos a Rosa arrastrada por la corriente; Laura a punto de dislocarse un hombro de tanto bracear buscando equilibrio… un drama, vamos.

Elefantes y mahouds
Elefantes y mahouds

Pasado el mal trago, nos fuimos en busca de los elefantes. Allí estaban, junto a sus mahouds (sus cuidadores), enormes, majestuosos, llenos de barro, de pelos como antenas de radio, duros y ásperos. Tranquilos: no os abalancéis todos a la vez que éstos solo son dos y hay que acariciar mucho elefante. Ah, que no, que solo son estos dos. Claro, pleno agosto y con este tiempo, los animalicos también tienen derecho a vacaciones. Jugamos con ellos un rato y luego les acompañamos hasta la plantación de bananas para que comieran. Aprovechamos nosotros también para comer un arroz con un chili que se había currado uno de los mahoud con unas hierbas, una cana de bambú y poco más: delicioso.

Uno de los mahouds preparando chili
Uno de los mahouds preparando chili

Tras la comida, los guías que se echan la siesta. El mundo al revés. 4 españoles y tres camboyanos, y los asiáticos a roncar. Flipando me hallo. Cuando despertaron llego el plato fuerte: la hora del baño. Nos fuimos a una zona del río del mismo tono marrón que el de la mañana y allá que nos metimos todos: elefantes, guías y los cuatro hermanos Dalton, braceando, gritando, desposeídos de toda dignidad y armando alboroto tal que hasta los elefantes nos miraban de reojo en plan “vaya cuatro satélites que se han juntado”. Esta vez fue Vicky la que casi es arrastrada por la corriente después de una pirueta que, todavía hoy, ninguno de los demás comprendemos. El que suscribe, camarógrafo para la ocasión, termino con la cámara en el río. Pero todo se olvidó cuando nos subimos a lomos de aquellos magníficos animales (de los elefantes, claro, porque no creo que los mahouds nos hubieran dejado subirnos encima suyo) y jugamos, reímos y nos lo pasamos en grande.

Mahoud lavando al elefante
Mahoud lavando al elefante

Después del subidón y con barro y mierda encima como para alicatar un baño, nos despedimos de los mahouds y de los elefantes y nos dirigimos a una aldea de la minoría bunong, a la que pertenecían tanto los mahouds como Tom. Estuvimos un rato hablando con ellos. Nos contaron cómo era su vida allí, a qué se dedicaban, cuántos hijos tenían, nos enseñaron su casa y nos presentaron a su familia. Todo esto nos lo contó el cabeza de familia en un inglés que, según él, «había aprendido de los turistas». Y nosotros 30 años yendo a academias y ni puta idea.

Niños aprendiendo en una aldea bunong
Niños aprendiendo en una aldea bunong

Al rato, nos volvimos al hotel, cansados, sucios, oliendo a paquidermo pero pensando: Madre mía. He estado metido en un río perdido de en la jungla de Camboya, subido a un elefante y frotándole el cogote. Y era un elefante de una ONG. ¡¡¡Veras tu cuando lo cuente!!! 

4 thoughts on “Camboya – ¡¡Con los elefantes de Mondulkiri!!

  1. Buenas,

    Es posible reservar visita en el Santuario de los Elefantes en cualquier alojamiento/agencia en Sen Monorom? Hace falta hacerlo con alguna antelación?

    Gracias y saludos!

    1. ¡Hola, Jordi!
      Nosotros reservamos en el mismo alojamiento, y nos dimos cuenta cuando viajábamos en moto por los alrededores que todos los guesthouses, cabañas, etc. tienen a la puerta su propia propuesta de visita de elefantes (hay muchas opciones, asociaciones, etc.).
      Sin embargo, para ir explícitamente al Santuario de los Elefantes que vimos nosotros, hablamos con Kim, que siempre estaba en Nature Lodge, y lo reservamos de un día para otro (eso sí, las visitas son con un número de personas reducido para no invadir demasiado el habitat de los elefantes).
      Te dejo la web de la visita que nosotros hicimos: http://www.mondulkirisanctuary.org/ y allí tienes toda la información y un formulario de contacto donde podrás concretar todo lo que necesites.
      ¡Espero que te sirva! ¡Un saludo y gracias por tu visita! 🙂

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