Escocia en moto – De Saint Nazaire a Saint Floxel

Buenos días.

Desayuno en el hotel. Bastante flojo. Café, zumo y unos panecillos con mantequilla, que nos vendrán bien para comer.

Saint Malo

Saint Malo
Saint Malo

Salimos con la intención de visitar el Mont Saint Michel pero, como vamos bien de tiempo, decidimos pasar antes por Saint Malò, que me han dicho que es parada obligada. Los intercomunicadores van perfectos y todo el camino vamos hablando y riendo, comentando lo que vamos viendo.

Ya en Saint Malò, según nos vamos acercando se ven unas potentes murallas que auguran una gran parada. El lugar es espectacular. Una villa amurallada al estilo Dubrovnik, justo en la costa. Hay una concentración de motos chopper a la entrada de las murallas. Aparcamos las motos y recorremos todo el recinto caminando por la muralla. El lugar realmente merece la pena. Después de la visita, salchicha en perrito, Coca-Cola y carretera de nuevo, que aún queda el plato fuerte del día. Salimos de Saint Malò con muy buenas sensaciones.

Saint Malo
Saint Malo

Mont Saint Michel

Copito en Mont Saint Michel
Copito en Mont Saint Michel

El Mont Saint Michel aparece a lo lejos. Los gabachos saben lo que hacen. Superparking de pago para todo dios, autobuses, coches, motos, aunque no es muy caro. Dejamos las motos y cogemos un bus gratuito que nos acerca al monte. Todo para el turismo. Hay un montón de gente, como era de prever. Entramos, vamos subiendo y viendo las espectaculares vistas que ofrece. Muy bonito todo, lleno de tiendas, bares…compre Monsieur, compre. Otro sitio para conocer. La entrada al interior del meollo es una pasta, así que pasamos de entrar y a seguir con la moto rumbo al próximo destino.

Mont Saint Michel
Mont Saint Michel

Saint Floxel

Mont Saint Michel
Mont Saint Michel

Llegamos a Saint Floxel, donde tenemos reserva. Es un pueblo que está más o menos donde empieza la movida del desembarco de Normandía. Cuando reservé la habitación, aunque fue muy barata, pensé que sería un sitio tirando a pijo, al ver la foto de la fachada. El nombre prometía, y además la habitación era “doble confort”. Pues resultó ser un sitio todo lo contrario a pijo, pero la mar de encantador. Patricia nos estaba esperando a la puerta porque llegamos algo tarde. Era una casa de pueblo, antigua, con todas las parafernalias que tienen las casas de pueblo viejas. Fotos de boda, achiperres, palanganas, jarrones, etc. Nos recibió como si fuera nuestra abuela, con algunos problemas de comunicación por la falta de francés en nuestro vocabulario y de español en el suyo. Nos enseñó la habitación, genial, suelo de madera, cama con colchón de lana. Luego apareció Daniel, su marido, y nos regaló una botella de sidra de su cosecha personal. No tardamos en darle matarile a la sidrica. Estaba algo floja, pero rica. Encantados con la casa, salimos a conocer el pueblo y tomar una cerveza. Más de lo mismo. Calles vacías, casas cerradas, ni dios por ningún lado, nada que destacar. Sólo un bar abierto con algunos jóvenes locales fumando fuera. Pa’dentro. Dos cañas y, de vuelta a la habitación, paramos en una pizzería que tiene el horno dando caña. Nos llevamos la pizza y nos sorprendemos gratamente. Masa fina, salmón. Muy rica. Un poco de guasap, como todas las noches, y al saco.

Buenas noches.

Por cierto, el nombre de la casa es CHAMBRES D’HOTES LES CLEMATITES EN CONTENTIN. Mola.

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